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La Fiesta de la Taspana

Dentro del territorio municipal de San Ignacio, se encuentra el pueblo de San Javier, fundación de origen misional donde la tradición de La Taspana se vive cada tercer domingo de octubre: taspanar, implica en el habla regional limpiar de maleza un espacio, terreno, calle o callejón. Tradición que data de la época de la intervención francesa, hacia los años 1862 y 1865, a raíz de un pacto acordado entre la familia Bolado y el Sr. Vicente Zazueta, adquiriendo el compromiso que una vez terminada la temporada de lluvias, ellos limpiarían el pueblo de toda la maleza que había crecido con los temporales.

 

Este es un acto solidario, donde hoy todo el pueblo participa, caguayana y machete en mano, que consiste en limpiar las calles y callejones del pueblo de la maleza que crece en abundancia durante la época de lluvias. Esta faena es particularmente amenizada por el ritmo de la música de viento y sus participantes intercambian horquetas, machetes y tamborazos. Originalmente, cada habitante hacia su aportación en mezcal, comida o el importe de una jornada de trabajo y era tarea exclusiva de hombres que se daban cita bajo un huanacaxtle que se ubicaba frente a casa de la familia Bolado, hoy día la tradición perdura con la participación de hombres mujeres y niños, ya con algunas alteraciones como la introducción a partir de 1989, al modo de las callejoneadas guanajuatenses de un preparado de tequila, que es transportada en un asno llamado el Burro Bar.

Los Carnavales

Mazatlán celebra su fiesta máxima los cinco días que preceden al miércoles de ceniza: Así, de forma organizada  lo hacen año con año desde 1898 envolviendo de fantasía su realidad. Emerge un mágico mundo de singulares carnestolendas, fiesta tradicional que la población porteña siempre espera, predispuesta a la alegría y al espíritu que implica esta tradición. El sinaloense es un pueblo caracterizado por su bonhomía, alegría, y una festiva actitud sempiterna, que se refleja en lo bailador y su algarabía. Los carnavales mazatlecos son eufóricos, donde la alegría va empatada con la fantasía que el pueblo convierte en realidad; con un séquito de reinas, princesas y rey de la alegría, donde el culto a la belleza femenina se antepone a cualquier otro factor o circunstancia. Un distintivo de la fiesta de este carnaval lo impone el sello que ofrece el ritmo de la “banda sinaloense”; la música de la Tambora  regional que Sinaloa ha legado al mundo. Actualmente el programa del carnaval, como caso excepcional, incluye actividades de carácter cultural: certámenes de poesía, premio de literatura y espectáculos de enorme calidad artística, hay una reina de los Juegos Florales. La gran fiesta popular se escenifica en los Paseos de Olas Altas y el del Claussen, justo donde revientan las olas del Océano Pacifico. La avenida costera, en esos tramos, se cierra al paso de vehículos para construir en su interior un paréntesis a la vida cotidiana, una temporada de excepción en el que algunas reglas sociales se vuelven laxas, en el que situaciones que normalmente son mal vistas se toleran, eso es el carnaval.

 

Con más de 120 años de tradición fue en 1898 cuando el carnaval pasó de ser una celebración que de forma espontánea organizaban los habitantes del puerto, en aquellas fiestas de “la harina”, para llegar a una fiesta organizada por un comité civil, una “junta”, creada para este propósito. Rasgo que lo vuelve hoy día, en el carnaval más antiguo del país, entre los que se organizan bajo este formato.

 

Si bien la tradicional fiesta comienza el día jueves previo al inicio de la cuaresma, la celebración oficial se da el viernes culminando el martes, víspera del miércoles de ceniza. No obstante, el ambiente de fiesta comienza a percibirse muchos días antes, con las campañas de los candidatos a los reinados de Carnaval, de los Juegos Florales, Infantil y de la alegría o "Rey Feo". Preparan el ánimo carnavalero, provocando manifestaciones que, de vez en vez, inundan con su alharaca y bulla todos los rincones de Mazatlán. Poco antes del arranque de la fiesta, la Reina del Carnaval debió ser elegida. Para seleccionar a la beldad representante de tan singular monarquía, se han realizado toda clase de métodos, desde el típico concurso de belleza hasta la acumulación de votos económicos o corcholatas, hasta el arbitrario designio unipersonal.

 

 

Si bien cada evento, y cada momento es un derroche de tradición construida a lo largo de las décadas: elección, coronación y demás eventos. Es el desfile de carros alegóricos la culminación de las carnestolendas. Allí un desborde de creatividad e inventiva popular se expresa en las creaciones y recreaciones de fantasías interminables, que se conjugan entre las comparsas festivas del pueblo que participa. Otros Carnavales tradicionales aún vigentes en Sinaloa son los de Guamuchil, Angostura, Mocorito y Pericos. El Carnaval de Culiacán como tradición desapareció al mediar el siglo XX.

Las Fiestas de las colgazones

En la tradición yoreme cuando ya se dan por terminadas las fiestas de la pascua, el primer día del año, bajo la sombra de la tradicional ramada, los fiesteros cuelgan al cuello de los matachines sartas de esquites o flores de maíz “chapalote”,  a modo de collar y en gratificación por lo ofrecido y vivido en las tradicionales fiestas. Dos o tres semanas posteriores al hecho, y en día domingo, los propios matachines corresponden a los fiesteros la cuelga, con canastos repletos de tamales, u otro manjar propio de la cocina yoreme, obligados a cargarlos sobre sus hombros o la nuca.

Finalmente, cuando de nuevo han trascurrido dos o tres semanas, una vez más los fiesteros cuelgan sus collares de esquite  a los matachines, de manera tal que son tres fiestas las que se realizan, expresión de júbilo “las colgazones” que es como tradicionalmente las llaman. Se trata de regalos que se hacen por las Pascuas Navideñas; que en la forma como se hacen las “colgazones”, es evidente el derroche de espíritu festivo y humorístico, lo que motiva la gran animación que se advierte en la fiesta, constituyendo esta práctica a la vez, ocasión propicia para que las comunidades gocen de sus danzas y de los platillos como el guacavaqui, la gallina pinta o el totorivaqui, en un acto social-comunitario, pleno de diversión y gustos que implica la celebración de esta fiesta.

El Paxko Yoreme.

La visión del mundo yoreme manifestada por el sincretismo que los propios indígenas construyeron para satisfacer a sus “evangelizadores”,  los misioneros jesuitas. Muestra la influencia de esos dos mundos: el propio y el peninsular. Transformándose  mutuamente para adoptar una apariencia que encubre la ritualica originaria que aún se practica como permanencia oculta a los ojos del mestizo, del yori que producto de la conquista y evangelización no cree más en la antigua religión. En sus ritos, cantos y danzas, es predominante el papel que la naturaleza juega como proveedor de su mundo, el juya annia del yoreme lo es todo. Ello se manifiesta en el carácter que desempeñan los intérpretes de las danzas tradicionales como la del Venado, Pascola, Coyote o Pájaro. Su universo es un ámbito donde se canta a las flores, a las aves y a los venados. Todo esto satinado por  la influencia de la acción evangélica  que los jesuitas realizaron a partir de finales del siglo XVI, la fe católica se refleja en la devoción a determinadas imágenes religiosas: San Ignacio de Loyola, la Santísima Trinidad, San José, San Juan Bautista y San Luciano entre otros. Ambas influencias interactúan en una amalgama donde sus convicciones, tradiciones y la visión del mundo se expresan en la fiesta, en el Paxko yoreme.

El Paxko yoreme se expresan en los espacios rituales que la tradición a construido, perfectamente delimitados como el propio templo católico, la espadaña de horcones que tradicionalmente funge como  campanario, el espacio delimitado para y por el conti o procesión, donde también danzan los matachines organizados en cofradías; y sobre todo la ramada, donde se interpretan las danzas de pascola y venado organizados en las paradas de músicos tradicionales: de flauta y tambor, de arpa y violín, de jirukias (raspadores) y bajiponia (tambor de agua) que acompañan la ceremonia; los aposentos de los fiesteros donde a lo largo de la fiesta viven y preparan la comida para ellos, los visitantes y los participantes de las ceremonias. Es este pues el Paxko yoreme, donde la expresión cosmogónica del pueblo mayo manifiesta el música, rezos y danzas el juya annia.

La tradicional música de viento

La música de la Banda Sinaloense identificada también como Tambora Sinaloense es un género musical tradicional,  con antecedentes en el siglo XIX, aunque aparecida en su formato moderno a principio de los años 20 en la zona rural del estado de Sinaloa. Allí entre la gente del pueblo en las comunidades del campo sinaloense siempre fue reconocida como Música de Viento, evidentemente por el predominante recurso de los instrumentos de viento. El repertorio tradicional denota una estirpe dominantemente de origen europeo en el que predominan huapangos, corridos, polkas, valses, mazurcas y chotises, con adaptaciones regionales acorde a la sensibilidad del sinaloense.

 

Las circunstanciales características en la geografía sinaloense, con un territorio entre el mar y la Sierra Madre Occidental, además de lo inaccesible de los caminos al resto de México, condicionó a que diversos ritmos de origen europeo se mantuvieran vigentes entre la población rural. El singular acento de la banda sinaloense muestra mucha similitud con los de las bandas de viento alemanas y francesas, circunstancia que se marca notoriamente en la marcada diferencia entre las ejecuciones musicales entre las bandas de la región centro-norte y las del sur de la entidad. El fraseo musical en las bandas de las regiones del Évora y Culiacán es más ligero y matizado, un estilo un tanto más occidental europeo, en tanto que en la región de Mazatlán, muestran un fraseo mucho más marcado y un tanto menos matizado en la ejecución, denotando una marcada influenciadel estilo bávaro. Por otra parte, la etnomusicóloga Helena Simonett señala que el origen de la banda sinaloense se encuentra entre la gente que desertaba de las bandas militares y municipales, fincando residencia en los pueblos serranos, añadiendo así crédito a los fundadores sinaloenses, que con la influencia rítmica Mayo-Yoreme han contribuido a su esencia. Así las cosas, hoy por hoy las piezas musicales que conforman el repertorio tradicional de la Música de Viento en Sinaloa son: El Sauce y la Palma, El Niño Perdido, El Sinaloense, El Caballo Bayo, Las Isabeles, Brisas de Mocorito, El Coyote, Amor de Madre, Tecateando, La Cuichi y tantas otras más.